Cuando el cuerpo habla por nosotros…

En ocasiones, como épocas de mayor estrés (exámenes, más carga de trabajo, cambios inesperados…) el cuerpo se sobrecarga, y pueden aparecer dolores agudos, focalizados en algunas partes del cuerpo (cuello, hombros, estómago…). Gracias a esta entrada, queremos ayudaros a visualizar la influencia de los factores emocionales en el marco corporal. Los conflictos y los aspectos no resueltos, aquello que nos resulta difícil verbalizar  es, de alguna manera corporalizado.

Algunas enfermedades físicas como las úlceras gástricas están relacionadas con afecciones somáticas influidas por factores como el estrés o la ansiedad. La somatización es la conversión de un síntoma psicológico en una afección física, por lo que desde esta definición podemos asegurar que “el cuerpo nos habla”; en ocasiones bajo la sintomatología física pueden encontrarse conflictos psicológicos que es necesario resolver. Algunos problemas físicos están mediados por el poder de las emociones y la mente. Las afecciones físicas no solo están mediatizadas por problemas orgánicos y físicos, sino que también el lenguaje de las emociones se traslada de alguna manera, al cuerpo, y así se corporalizan muchas emociones que nos somos capaces de reconocer o se nos hacen confusas. Desde nuestro equipo, estamos formados y tenemos amplia experiencia en el tratamiento de este tipo de problemas.

dolor

Muchas veces, el dolor emocional tiene gran relación con un dolor físico que sentimos, es por esto que nuestro cuerpo habla.

Los dolores corporales (tensión en los hombros o el cuello, cefaleas tensionales, dolores estomacales agudos o crónicos…) nos centran en los síntomas físicos y nos sumergen en estados de ansiedad circulares, llegando incluso a aislar a las personas socialmente, parece que la sintomatología no mejora incluso con tratamientos médicos… y la persona puede desesperarse, se siente poco comprendida, y se sumerge en estados de apatía y desasosiego. Algunos de los consejos que desde este blog os damos pueden ayudaros a retomar vuestra vida, de forma más proactiva, más autónoma:

  • Es importante reconocer qué precede a los síntomas físicos (puede ser algún factor estresante, algún cambio brusco, algún hecho traumático como la muerte de alguna persona cercana).

  • Puede ayudarte, no estar centrado/a en las sintomatología física e intentar descubrir qué sientes cuando el dolor se hace persistente o más agudo.

  • Quizá pueda servirte de ayuda hacer algún ejercicio de relajación muscular o respiraciones pausadas con el fin de crear un clima de relax.

Es importante para un tratamiento adecuado descubrir y comprender los síntomas físicos y qué emociones hay bajo ellos. Aquí presentamos algunos ejemplos que pueden tender a desarrollar problemas físicos por emociones enquistadas o conflictos emocionales no resueltos. En ocasiones cuando nos enfrentamos a una ruptura decimos “me han partido el corazón”, quizá esto es una descripción física de un dolor psíquico intenso focalizado en el pecho; ante una traición podemos desarrollar dolores musculares o de espalda que responden a la literalidad de la frase “es como si me hubieran clavado un cuchillo por la espalda”; “el tengo un nudo en la garganta” puede representar emociones reprimidas como el llanto o no clarificar ciertas situaciones que se nos hacen complicadas; sobrellevar situaciones complicadas mantenidas en el tiempo, soportar grandes cargas de estrés, pueden revelarse en la literalidad de frases como “es como si llevara una mochila pesada sobre la espalda”

Muchas personas como este tipo de dolencias buscan ayuda médica, sin obtener una mejoría total. Buscan un cuidado físico, aún cuando sus dolencias, quizá inconscientes para ellos/as tienen su origen en conflictos emocionales no resueltos. Por ello, es importante no descuidar estos aspectos psicológicos en el tratamiento de las afecciones psicosomáticas. Integrar un cuidado físico y psicológico es el mejor tratamiento para las personas que padecen este tipo de dolencias. Desde nuestro equipo de profesionales podemos ofrecerte un marco seguro, confortable, de confianza, para que pongas en palabras aquello que tu cuerpo te está diciente de una manera simbólica, y lograr que así te sientas mejor.

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