Separación y divorcio… ¿de quién?

El planteamiento de este título trata de provocar una pregunta en vosotros, padres y madres que estáis pensando en separaros o divorciaros de vuestra pareja, o ya lo habéis hecho. Repito, de vuestra pareja, porque… ¿implica la separación de la pareja una separación de los hijos fruto de la misma?

La respuesta deseable sería NO. Sin embargo, en más ocasiones de las que nos gustaría hemos escuchado que dicha separación ha supuesto un distanciamiento de los hijos, normalmente más evidenciado en el caso de quien no ostenta la custodia de los mismos, aunque puede darse en ambos progenitores, demasiado centrados quizás en la problemática de la separación y el duelo de la misma, como para atender las necesidades de los pequeños de la casa, especialmente delicadas en este periodo crucial.

El divorcio es un difícil momento para toda la familia, ya sea por un deterioro de la relación de pareja, o porque diferencias irreconciliables llevan a tomar esta determinación. No obstante, una vez tomada la decisión, se precipita un mar de dudas: ¿Y ahora qué hacemos con los niños?, ¿Cómo se lo decimos?, ¿Cómo nos vamos a organizar?, y tantas otras. A pesar de que el proceso de ruptura es duro en sí mismo, por sus implicaciones a nivel emocional, económico, organizativo, administrativo, etc., es necesario anticiparse al momento de comunicárselo a los niños para minimizar los daños.

Tranquilos, tranquilas, es posible. Y además, muy importante. Desde Psicoafirma queremos plantear la relevancia de preparar esta fase, y las consecuencias que van a derivarse en la vida de familia, y en concreto en relación a los hijos.

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En una separación, los niños han de saber, que no son los responsables de la ruptura.

En primer lugar, sería recomendable que dicha ruptura pudiese ser comunicada a los niños de forma conjunta, padre y madre, en un momento de calma, con tranquilidad, en un ambiente de confianza, donde ambos podáis transmitir con serenidad la mayor seguridad posible a vuestros hijos. La finalidad es prevenir que su incertidumbre y angustia se disparen y les genere un malestar o una culpa aún mayor que el propio dolor y la incomprensión de la separación de sus padres.

Los niños han de escuchar que no son los responsables de la ruptura, un miedo que encontramos con frecuencia cuando hablamos con ellas y ellos; asimismo, ha de reforzarse la idea de que la separación de sus padres no supone que éstos dejen de quererles, o vayan a dejar de estar ahí como como padre y como madre. Este hecho ha de ser independiente que la pareja se haya roto.

Es preciso insistir en estos mensajes, hasta que los niños tengan incorporada esa seguridad, y puedan superar este momento de reajuste familiar con el mayor éxito posible, contando con el apoyo de las personas más importantes y necesarias para ellos, sus padres.

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