Quiero compartir con vosotros mis reflexiones en torno a los
¿Podéis imaginar que significa para la mente de un niño, que el papa o el tío al que tanto quiere sea el mismo que le agrede, o que le viola por las noches…?
¿Podéis imaginar el impacto emocional ante semejante experiencia? Es tal el nivel de confusión, de incomprensión…, es tal el grado de ambivalencia ante este tipo de vinculación, que el niño o niña se siente no solo desprotegido o vulnerable, sino culpable…¿qué habré hecho para que mi papa, o mi hermano, que me quieren, abusen de mi? S. Ferenczi, en su preciado artículo “Confusión de Lenguas”, publicado en 1933, habla de esto, con su teoría, se recupera el trauma infantil, el daño en lo real de esta vivencia, lo difícil comprensión de integrar que la misma persona que te quiere es la que te daña.
Hoy quiero recomendaros una novela: “La Herencia” de la escritora noruega Vigdis Hjorth, galardonada con diversos premios literarios en su país. Esta obra narra con exquisita delicadeza la dinámica familiar disfuncional, envuelta en desencuentros y disonancias, en silencios. El silencio perpetúa el daño, el silencio impide que el dolor se narra. En psicoterapia sabemos que el dolor que no se narra, que no encuentra una narrativa subjetiva dentro de la propia historia de vida, reaparece en múltiples formas: ansiedad, insomnio, dolor corporal, búsqueda de apegos imposibles, desconexión del mundo emocional, etc.

Una página del libro menciona: “No es de extrañar que haya guerra en el mundo, cuando ni vosotros sois capaces de estar en paz”
No se puede estar en paz, cuando el dolor se esconde, o se mete en el saco de lo no ocurrido, de lo no nombrado…ese dolor necesitaba ser reconocido, validado, necesitaba del coraje de un adulto para limitar la agresión, necesitaba romper el silencio y señalar el daño.
La infancia ha de ser protegida, ha de denunciarse al agresor, aún a riesgo de romper la “calma familiar”.
Como psicoterapeuta y como persona, sufro ante la incapacidad de los adultos de proteger y cuidar, sufro ante la vulnerabilidad del niño o niña desprotegido. Ante situaciones de violencia, abuso de poder y daño, siempre hay que pedir ayuda.
Cabe una reflexión más, intentar comprender al agresor, quien, a su vez, habitualmente es víctima de otro sistema de desprotección y/o de daño. Es necesario mirar la relación intergeneracional para poder entender el daño. Si bien, tratándose de adultos, esto no exime de responsabilidad.
En Psicoafirma, psicoterapeutas, con amplia experiencia y formación os podemos ayudar. Somos psicólogos situados cerca de Atocha, trabajamos abordando el trauma y su complejidad relacional. Podemos ayudarte
Entre tanto, os animo a disfrutar de esta maravillosa novela…os comparto un párrafo más: “Yo era incapaz de perdonar. ¿Pero tirarlo al mar del olvido? ¿Sacarlo a la luz, estudiarlo, reconocerlo, aceptarlo y deshacerme de ello tirándolo al mar del olvido? Tampoco podía hacer eso. Porque no se trataba de sucesos puntuales, de una historia acabada, sino de una continua exploración, una excavación necesaria, llena de cortocircuitos y aparaciones involuntarias. Y la presencia de mi infancia perdida, eterno retorno de esa pérdida era lo que me hacía muy nítida a mí misma, una parte de mi existencia que impregnaba incluso el más minúsculo sentimiento dentro de mí”.
El pasado se hace presente, nos acompaña a lo largo de nuestra vida, aunque sintamos el deseo de mirar hacia otro lado. Desde la psicoterapia, desde la mirada psicoeducativa os animamos a nombrar lo innombrable, a darle forma, a incorporar el dolor en nuestra propia historia de vida. Es parte de nuestra propia singularidad, nos hace únicos, sin negar nuestra subjetividad, integrándolo en nuestra identidad.
Publicado por: Ana Rodriguez

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