Algunos niños, cuando llega la hora de ir al colegio, sienten dolor de barriga. Otros lloran, se niegan a vestirse, buscan cualquier motivo para quedarse en casa o comienzan a presentar dificultades para dormir la noche anterior. En otros casos, la ansiedad aparece de una manera menos evidente: disminuye el rendimiento, se muestran irritables, se aíslan, dejan de participar en clase o parecen perder el interés por aquello que antes les gustaba.
Ante estas situaciones, es frecuente que los adultos cercanos se pregunten: ¿Qué le pasa?, ¿por qué no quiere ir?, ¿Qué podemos hacer para que vuelva al colegio?
Desde una perspectiva psicoanalítica, podemos formular una pregunta diferente: ¿Qué está expresando este niño a través de su ansiedad?
Esta pregunta parte de una idea fundamental del psicoanálisis: el síntoma no es únicamente algo que hay que eliminar. Puede ser también una formación que expresa, de manera indirecta, un conflicto psíquico que todavía no ha podido ser elaborado.
Freud ya señalaba en Inhibición, síntoma y angustia (1926) que el síntoma puede funcionar como una defensa frente a la angustia. Por tanto, comprender un síntoma implica preguntarse no solamente qué conducta observamos, sino también frente a qué angustia puede estar funcionando como respuesta.
Esto no significa que toda ansiedad escolar tenga necesariamente un origen inconsciente, ni que deba interpretarse como consecuencia de un conflicto familiar. La ansiedad infantil es un fenómeno complejo en el que intervienen factores individuales, familiares, escolares y sociales. La perspectiva psicoanalítica aporta otra dimensión: la posibilidad de escuchar la experiencia subjetiva del niño.
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Formas de expresión de lo que todavía no puede decirse.
Los niños no siempre disponen de palabras suficientes para expresar lo que sienten. La angustia puede aparecer entonces a través del cuerpo: dolor abdominal, náuseas, cefaleas, dificultades respiratorias, alteraciones del sueño o una intensa activación antes de acudir al colegio.
Desde el psicoanálisis, el cuerpo no puede separarse completamente de la vida psíquica. Freud mostró desde sus primeros trabajos sobre la histeria que determinados conflictos podían encontrar una expresión corporal. Aunque no podamos trasladar directamente los conceptos de la clínica adulta a la infancia, permanece una cuestión fundamental: cuando el sufrimiento no puede ser representado mediante palabras, puede encontrar otras vías de expresión.
Wilfred Bion (1962) desarrolló posteriormente la importancia de la capacidad de transformar las experiencias emocionales primitivas en elementos que puedan ser pensados. Su concepto de función alfa permite comprender cómo las experiencias emocionales todavía no elaboradas pueden resultar difíciles de procesar psíquicamente.
En la infancia, la posibilidad de pensar la angustia depende en buena medida de la presencia de un otro capaz de recibirla, contenerla y ayudar a transformarla en algo pensable.
Por eso, ante un niño que dice «me duele la barriga cada vez que tengo que ir al colegio», quizá no sea suficiente preguntarle si realmente le duele. Podemos preguntarnos también:
¿Qué experiencia emocional está acompañando ese dolor?
La separación: cuando estar lejos puede sentirse como perder al otro.
Ir al colegio supone una separación cotidiana. Para algunos niños, esta separación se vive con relativa tranquilidad. Para otros, puede despertar una angustia intensa.
Freud vinculó inicialmente la angustia con experiencias de pérdida y separación. En Inhibición, síntoma y angustia (1926), desarrolla la relación entre angustia, peligro y pérdida del objeto, planteando que la ausencia de la persona significativa puede convertirse en una experiencia amenazante.
Posteriormente, Melanie Klein situó las ansiedades tempranas y la relación con los objetos internos en el centro de su teoría del desarrollo emocional. Desde su perspectiva, el niño necesita construir progresivamente una representación interna suficientemente estable de los objetos buenos, de manera que pueda tolerar su ausencia.
Esta cuestión resulta especialmente relevante para comprender determinados casos de ansiedad escolar.
El niño necesita poder experimentar algo parecido a:
«Mamá y papá no están aquí, pero siguen existiendo. Yo puedo estar aquí y ellos volverán.»
Donald Winnicott desarrolló esta cuestión desde otro ángulo. Su concepto de objeto transicional y su descripción de la capacidad para estar a solas permiten pensar cómo el niño va desarrollando recursos internos para tolerar progresivamente la ausencia.
Para Winnicott (1958), la capacidad de estar a solas no surge de manera espontánea: se desarrolla a partir de una experiencia previa de estar a solas en presencia de otro suficientemente disponible.
Desde esta perspectiva, aprender a separarse no significa aprender a no necesitar a los demás. Significa poder conservar internamente el vínculo cuando el otro no está físicamente presente.
El colegio como escenario de separación-individuación.
Margaret Mahler, desde la teoría de la separación-individuación, describió el desarrollo como un proceso progresivo mediante el cual el niño adquiere una mayor diferenciación y autonomía respecto de sus figuras primarias (Mahler, Pine & Bergman, 1975).
Aunque la teoría de Mahler ha recibido numerosas revisiones posteriores, su planteamiento resulta especialmente sugerente para pensar determinados momentos de transición escolar.
Entrar en el colegio significa ampliar el mundo más allá de la familia. Aparecen nuevos adultos significativos, nuevos compañeros, nuevas reglas y nuevas exigencias. El niño comienza a experimentar que puede existir y funcionar en espacios que no están organizados alrededor de sus figuras familiares.
La escolarización puede ser, por tanto, una experiencia de crecimiento, pero también puede movilizar intensas ansiedades.
En algunos casos, la dificultad no reside exclusivamente en el colegio. Puede encontrarse en aquello que significa alejarse del lugar conocido y ocupar un lugar propio en el mundo.
Bowlby: el vínculo y la seguridad necesaria para explorar.
La teoría del apego de John Bowlby aporta un puente particularmente interesante entre la tradición psicoanalítica y la investigación contemporánea sobre el desarrollo.
Bowlby (1969/1982) planteó que el niño necesita establecer vínculos de apego que funcionen como una base segura desde la cual pueda explorar el entorno. Esta idea permite comprender una paradoja importante: para poder separarse, primero necesitamos sentir que tenemos un lugar seguro al que regresar. La figura de apego no debería funcionar como una barrera frente al mundo, sino como una base desde la cual el niño pueda dirigirse hacia él.
Cuando la experiencia de separación se vive como excesivamente amenazante, la exploración puede quedar comprometida. El colegio, que para algunos niños representa curiosidad y descubrimiento, puede convertirse entonces en un territorio vivido como peligroso.

Cuando el miedo no está fuera, sino también dentro.
La ansiedad escolar no se explica únicamente por aquello que sucede objetivamente en el colegio. Un examen puede ser difícil, pero no todos los niños viven un examen de la misma manera. Una equivocación puede ser una experiencia cotidiana para un niño y una catástrofe para otro.
¿Por qué?
Porque cada niño se relaciona con las situaciones externas desde una determinada organización de su mundo interno. Aquí resulta fundamental el concepto freudiano de superyó. A medida que se interiorizan las prohibiciones, exigencias y expectativas de las figuras significativas, estas pueden convertirse en una instancia interna que juzga, exige y sanciona.
En algunos niños, la exigencia puede adquirir una intensidad tal que el colegio se convierta en un espacio permanente de evaluación:
¿Lo estoy haciendo bien?
¿Soy suficientemente bueno?
¿Qué pensarán de mí si fracaso?
¿Seguirán valorándome si no consigo hacerlo perfecto?
La ansiedad puede aparecer entonces no solo ante la mirada real de los demás, sino ante una mirada interna extremadamente exigente.
Cuando adaptarse cuesta demasiado (Winnicott y el falso self)
Otra aportación de Winnicott puede ayudarnos a pensar a aquellos niños que aparentemente funcionan bien, pero que viven la escolarización con una elevada tensión interna. Winnicott (1960) describió el concepto de falso self para referirse, de manera simplificada, a una organización defensiva basada en una adaptación excesiva a las demandas del entorno.
No todos los niños con ansiedad escolar presentan esta dinámica, pero el concepto permite plantear una pregunta interesante:
¿Puede un niño estar adaptándose externamente mientras internamente siente que no puede ser él mismo?
Algunos niños intentan cumplir permanentemente con las expectativas de padres, profesores y compañeros. Pueden ser excesivamente responsables, perfeccionistas o preocupados por no decepcionar. La ansiedad puede aparecer cuando la distancia entre aquello que sienten que deben ser y aquello que realmente pueden sostener se vuelve demasiado grande.
La intervención de un profesional sanitario de salud mental, es vital en estos casos.
La mirada de los otros: Lacan y la construcción de la propia imagen
La cuestión de la mirada adquiere una dimensión diferente en la obra de Jacques Lacan.
Su conceptualización del estadio del espejo (Lacan, 1949) permite pensar la importancia que tiene para el sujeto la imagen que recibe de los otros y el modo en que se constituye una representación de sí mismo a partir de esa relación.
En la infancia escolar, la presencia de los iguales adquiere progresivamente un peso mayor.
El niño comienza a preguntarse cómo es respecto a los demás:
¿Soy listo?
¿Soy popular?
¿Soy bueno jugando?
¿Soy diferente?
¿Me aceptan?
La escuela es uno de los primeros espacios sociales donde estas preguntas adquieren una intensidad cotidiana. La ansiedad puede surgir entonces cuando la imagen que el niño tiene de sí mismo entra en conflicto con aquello que cree que los demás esperan de él.
El síntoma como solución, no como simple problema.
Desde una perspectiva psicoanalítica, una de las cuestiones más importantes consiste en no confundir el síntoma con la causa. Un niño que evita el colegio puede estar intentando evitar una angustia insoportable. El hecho de quedarse en casa puede producir un alivio inmediato. Sin embargo, ese alivio puede reforzar progresivamente la evitación y hacer que la vuelta al colegio sea todavía más difícil.
Los trabajos psicodinámicos sobre rechazo escolar han señalado precisamente la importancia de comprender la función que puede tener la evitación dentro de la economía psíquica y relacional del niño.
Oelsner (2003), desde una perspectiva de psicoterapia analítica infantil y adolescente, diferencia entre fenómenos como absentismo, miedo escolar y fobia escolar, destacando la necesidad de comprender los conflictos subyacentes y las dinámicas familiares.
Por su parte, Christogiorgos y Giannakopoulos (2014) han estudiado el rechazo escolar desde una perspectiva psicodinámica, prestando especial atención a la relación entre padres e hijos y a las dificultades relacionadas con la separación.
Por tanto, preguntarse simplemente «¿cómo conseguir que vuelva al colegio?» puede ser insuficiente.
También es necesario preguntar:
«¿Qué hace que acudir al colegio resulte actualmente tan difícil para este niño?»
La familia: entre la protección y la posibilidad de crecer.
Cuando un niño sufre ansiedad, los padres también sufren.
Es natural que intenten protegerlo. Sin embargo, en determinadas situaciones puede producirse un círculo difícil de romper: el niño tiene miedo, los padres perciben ese miedo, aumentan la protección y el niño recibe, sin que nadie lo pretenda, el mensaje de que aquello que teme es efectivamente demasiado peligroso.
Esto no significa culpabilizar a las familias. La teoría del apego y la tradición psicoanalítica permiten precisamente comprender que los vínculos se construyen de manera bidireccional y compleja. El objetivo no es conseguir que el niño deje de necesitar a sus padres, sino ayudarle a desarrollar progresivamente la confianza necesaria para poder separarse.
Winnicott resumió una idea esencial de su concepción del desarrollo: el niño necesita un ambiente suficientemente bueno que permita que sus capacidades puedan desplegarse. En el contexto escolar, esto significa crear las condiciones para que pueda sentirse suficientemente seguro sin impedirle explorar.
¿Qué pueden hacer la psicoterapia y el equipo de psicoterapeutas de Psicoafirma?
Una psicoterapia de orientación psicoanalítica no pretende simplemente eliminar la conducta problemática. Su objetivo es ofrecer un espacio en el que aquello que aparece como ansiedad, miedo, inhibición o rechazo pueda comenzar a adquirir significado.
En consulta el terapeuta escucha no solamente lo que el niño dice, sino también sus silencios, juegos, fantasías, dibujos, formas de relacionarse y modos de afrontar la separación. El juego, especialmente en la infancia, puede convertirse en un medio privilegiado de expresión.
Melanie Klein fue pionera en la utilización del juego como vía de acceso al mundo interno infantil, entendiendo que el juego podía cumplir una función comparable a la asociación libre en el adulto.
En este sentido, un niño puede no ser capaz de decir:
«Tengo miedo de separarme de mi madre porque siento que algo malo puede suceder mientras estoy lejos.»
Pero quizá pueda representarlo en un juego, en una historia o en un dibujo. El trabajo terapéutico consiste entonces en acompañar ese proceso de simbolización. Nuestro de equipo de psicólogos en Arganzuela cuenta con experiencia en el trabajo terapéutico infantil.
De la angustia a la palabra.
Una de las aportaciones fundamentales del psicoanálisis consiste en confiar en que aquello que no puede ser pensado puede, progresivamente, llegar a ser representado y puesto en palabras.
Bion formuló esta transformación como el paso de experiencias emocionales no elaboradas hacia elementos susceptibles de ser pensados.
Por eso, el objetivo no es que el niño «aprenda a no tener miedo» como si la ansiedad fuera simplemente un error que hubiera que corregir. Se trata de que pueda comprender qué le sucede, desarrollar recursos internos para tolerarlo y encontrar otras formas de responder. La ansiedad no desaparece necesariamente porque el mundo exterior se vuelva completamente seguro.
A veces disminuye cuando el niño descubre que puede afrontar un mundo que nunca será completamente seguro.
Volver a explorar.
La escolarización representa mucho más que una obligación académica. Es uno de los primeros escenarios en los que el niño comienza a construir una identidad propia fuera del ámbito familiar.
Aprende, se equivoca, compite, coopera, pierde, gana, se separa, vuelve, hace amigos, experimenta la frustración y descubre nuevas capacidades. Desde Freud hasta Winnicott, Klein, Bion, Bowlby y las aportaciones contemporáneas de la psicoterapia psicodinámica, encontramos una idea común, aunque expresada desde teorías diferentes: el desarrollo emocional implica aprender a tolerar la separación, la frustración, la ausencia y la incertidumbre sin quedar desbordado por ellas.
Por eso, cuando un niño dice «no quiero ir al colegio», merece la pena detenernos antes de responder.
Puede que esté expresando miedo a separarse.
Puede que tema fracasar.
Puede que se sienta observado.
Puede que esté sufriendo una situación concreta en la escuela.
Puede que exista una exigencia interna insoportable.
Puede que necesite sentirse más seguro para poder explorar.
O puede que todavía no tenga palabras para explicar qué le sucede.
Escuchar no significa permitir que la ansiedad gobierne la vida del niño. Tampoco significa encontrar rápidamente una explicación inconsciente para cada síntoma. Significa reconocer que detrás de una conducta existe un sujeto con una historia, unos vínculos, unas fantasías, unos temores y una manera singular de experimentar el mundo.
Quizá el objetivo de acompañarlo sea precisamente ayudarle a transformar aquello que hoy solo puede expresar mediante el cuerpo, el rechazo o la evitación en algo que pueda ser pensado y narrado.
Porque cuando la angustia puede encontrar palabras, el niño puede empezar a descubrir que no necesita huir de todo aquello que teme para poder sentirse seguro.
Y es entonces cuando puede volver a hacer algo esencial para crecer: separarse, explorar y regresar.
Nuestro consejo:
No dudes en llamarnos si detectas que tu hijo/a está atravesando por un malestar de este tipo, en Psicoafirma un equipo de psicólogos y psicoterapeutas os acompañará a hasta lograr aliviar el sufrimiento presente. Somos un equipo clínico formado y con experiencia a tú disposición. Nuestro espacio clínico está en Arganzuela, Madrid.
Escrito por: Rocío Mallo, Psicóloga y Psicoterapeuta. Equipo Clínico de Psicoafirma.
Referencias bibliográficas
Bion, W. R. (1962). Aprendiendo de la experiencia. Heinemann.
Klein, M. (1932). El psicoanálisis de los niños. Hogarth Press.
Lacan, J. (1949). El estadio del espejo como formador de la función del yo. En Escritos.
Mahler, M. S., Pine, F., y Bergman, A. (1975). El nacimiento psicológico del bebé humano: Simbiosis e individuación.
Oelsner, W. (2003). Psicoterapia analítica para niños y adolescentes en la evitación escolar. Praxis der Kinderpsychologie und Kinderpsychiatrie, 52(6), 425–439.
Winnicott, D. W. (1958). La capacidad de estar solo. En Los procesos de maduración y el entorno facilitador. Hogarth Press.

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