Lo escolar y la identidad en la adolescencia

¡Lo escolar y la identidad en la adolescencia pueden generar dificultades de gestión emocional y fracaso escolar!

¿Qué quieres ser de mayor? ¿Te gustaría ir a la universidad? ¿En qué quieres invertir el resto de tu tiempo? ¿Qué te hace sentir feliz? ¿Cuál es tu vocación?

La llegada al instituto no suele ser una tarea fácil, pero menos aún lo es despedirse de él, dado que dicha despedida supone una tarea psíquica de importante envergadura y vital transcendencia.

Viene a ser un “Rito de paso”; implica dejar atrás todo aquello que circunscribe la infancia y con ella lo infantil, para poder recibir la etapa adolescente, ser capaz de transitarla y alcanzar con ella la capacidad de poder decidir sobre el futuro, y más en concreto sobre el futuro profesional.

Lo escolar en la adolescencia

La tarea de cursar la Educación Secundaria Obligatoria

¡Lo consolidado en los primeros años de vida!

En los primeros seis años de vida un niño consolida la índole y el tono afectivo de sus vínculos con otros semejantes, desde entonces éstos quedan fijados pudiendo desarrollarlos, pero nunca cancelarlos. Padres, hermanos o cuidadores principales, todos los que desde entonces conozca pasarán a ser “sustitutos de los primeros objetos del sentimiento”.

Es de este modo como, a quienes se conoce después reciben una suerte de herencia de sentimientos, tropiezan con simpatías y antipatías a cuya adquisición ellos mismos han contribuido poco. Todas y cada una de las elecciones de amistades y relaciones amorosas se producen sobre la base de huellas némicas que aquellos primeros arquetipos dejaron tras sí.

Entre las imagos de la infancia, las cuales ya no se conservan en la memoria, ninguna es más esencial para el adolescente que la de un padre.

En la segunda mitad de la infancia el niño descubre el mundo real; eso que hay ahí fuera, todo lo que existe más allá del ya conocido hogar. Descubre a otros adultos que podrían comparase a sus conocidos referentes, padres.

Lo que se descubre fuera viene a continuar la originaria alta estima al padre (cuidador principal responsable del vínculo fijado), aparece otro ideal que sustituye a ese primero. Esta fase es la fase en la que se produce el encuentro con los profesores y maestros. En la escuela secundaria se transfiere sobre los profesores el respeto y las expectativas puestas sobre los padres en la infancia.

¡La Escuela Secundaria!

¿Qué supone la educación secundaria obligatoria E.S.O. en la adolescencia?

La Educación Secundaria Obligatoria supone enfrentarse a nueva etapa de transición dentro de lo escolar y lo adolescente. Supone dejar atrás la educación primaria y con ella la infancia, y supone dar paso a lo que implicará una elección de futuro. Es importante tener en todo momento presente que dicha etapa de transición se atraviesa de la mano de la adolescencia, teniendo en cuenta lo que esto implica.

Se cursa habitualmente entre los 12 y los 16 años y se organiza en dos ciclos. El primer ciclo,  es de tres cursos escolares (1º, 2º y 3ºESO) y el segundo de uno (4º E.S.O.). Siendo éste último de carácter fundamentalmente preparatorio y orientador. A lo largo de la Educación Primaria, uno debe hacer y cumplir con la tarea escolar que se le exige. No debe decidir, no tiene que escoger nada que dirija o cambie el rumbo escolar. Hasta entonces, todo venía marcado y pautado, de aquí en adelante el alumno (adolescente) debe empezar a tomar sus propias decisiones.

“…de carácter fundamentalmente preparatorio y orientador”

¿Qué quiere decir esto?

Llegar a la Educación Secundaria Obligatoria indica que el alumno:

  • Ha adquirido y superado los conocimientos mínimos obligatorios en cuanto a lo que se consideran elementos básicos de la cultura (humanísticos, artísticos, científicos y tecnológicos).
  • Ha desarrollado hábitos de estudio y de trabajo, está preparado para los estudios posteriores y para la consecuente inserción laboral.

Se considera en este punto, que el individuo (adolescente) está preparado para el ejercicio de sus derechos y obligaciones ciudadanas. En último término, finalizar esta etapa escolar, cursar 4º de ESO supone tener que pensar en si uno quiere cursar Bachillerato o si por el contrario prefiere acceder a la Formación Profesional.

¿Bachillerato o Formación Profesional?

El Bachillerato es la formación que dará acceso a la llamada educación superior, la formación Universitaria y post-universitaria. Forma parte de la Educación Secundaria postobligatoria, se caracteriza por su carácter voluntario.

Tiene tres modalidades; Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales y en tercer lugar Artes. Se entiende que el Bachillerato da paso a la madurez intelectual, permite adquirir conocimientos y habilidades que a su vez dan acceso a la vida activa, asumiendo responsabilidad y desplegando competencias.

La Formación Profesional, es una formación que prepara a quienes acceden a ella para dar una respuesta más concreta a la necesidad de personal cualificado especializado en distintos sectores profesionales.

¿Qué pasa si no lo tiene claro? ¿Y si mi hijo cambia de opinión? ¡No sé que me gusta más! ¡Ciencias, qué difícil!

¡La flexibilidad del sistema educativo!

Podría parecer que este momento de elección en lo escolar va a determinar el futuro del todavía adolescente, pero la realidad es que en la oferta de nuestro sistema educativo se contemplan distintas vías de acceso a los diferentes tipos de formación tengan el nivel que tengan.

El sistema educativo está organizado de forma jerárquica y flexible. La organización de dicha estructura implica tomar decisiones de elección académica como las que vengo exponiendo, no obstante, es posible redirigir el camino si por algún motivo la meta propuesta cambia.

¿Dónde está el problema entonces?

¡El deber de decidir!

Si buscamos la definición del concepto “decidir” en el diccionario de la Real Academia Española RAE, nos encontraremos algunas de las siguientes descripciones; “formar un juicio resolutorio sobre algo dudoso o contestable” “formar el propósito de hacer algo” “hacer una elección tras reflexionar sobre ella”. Enfrentarse a decidir, siempre implica renunciar a algo. Y es aquí en dónde realmente reside la dificultad de este momento del ciclo vital, puesto que poder hacer una renuncia, compromete al sujeto y lo pliega ante la exigencia de una cierta madurez psíquica.

¡Lo adolescente, una crisis de identidad!

Transitar de lo infantil a lo adolescente implica un trabajo psíquico de desilusión, dicho de otro modo; ser adolescente implica desidealizar lo idealizado en el tiempo infantil. Se trata de la llamada crisis adolescente, una crisis de identidad. El adolescente debe desprenderse de las identificaciones previas, las cuales son fruto de identificación con la representación o imagen ideal de las figuras parentales (materna, paterna, fraterna) que cumple la función de prototipo inconsciente. Se trata en términos teóricos de los imagos parentales.

Por tanto, desprenderse de las identificaciones previas implica una reconstrucción de dichos procesos identificatorios, lo cual trae una nueva elección de objetos. El proceso de desidentificación constituye la condición que posibilita liberar el deseo y construir el futuro. Renunciar a ser objeto del deseo del otro es uno de los trabajos psíquicos más difíciles en el proceso de separación.

¿Nueva elección de objetos? ¿Renunciar a ser objeto del deseo del otro?

A lo largo de la infancia un niño se identifica con sus padres (o cuidadores), ellos son el espejo donde se miran y los niños son “los niños de sus ojos”. Uno es deseo del otro como el otro es el deseo de uno, existe una tendencia mutua de buscarse en el otro, entre el niño y las figuras parentales. El encuentro desde posiciones distintas hace logar la diferenciación. Condición que permite el desarrollo y la estructuración psíquica del niño.

¡Posiciones distintas!

El encuentro desde posiciones distintas hace referencia a dos planos diferenciados. Los padres deben encontrarse en el plano del “Ideal del yo” y el hijo en el del “yo ideal”. Esto significa, que los padres deben estar posicionados en la búsqueda constante de aquello que desean conseguir, “quiero ser como” asumiendo que no lo son. Por otra parte, el hijo adolescente se encuentra posicionado en el “yo ideal” caracterizado por la omnipotencia infantil, “lo soy todo” “soy el ideal” ese algo con lo que me identifico. La tarea psíquica es la de lograr el pasaje del “yo ideal” al “ideal del yo”. Se necesita dejar de ser “todo” para las figuras parentales, salir de esa etiqueta de “niño maravilloso”, salir de lo fusional.

¡Elegir algo del afuera!

Salir de lo fusional y elegir algo del afuera da paso a la capacidad de elegir. Elegir algo y renunciar a lo otro. Tomar una decisión de este tipo implica una renuncia. De no ser así, cualquier pérdida será vivida como la pérdida del todo. Sin término medio, o lo tengo todo o no soy nada.

Un nuevo lugar. ¿Qué supone salir del lugar de niño maravilloso?

¡No reconozco a mi hijo! ¡Antes no era así! ¡Ya no habla con su padre, antes se lo preguntaba todo con mucha admiración!

Con la llegada de Educación Secundaria Obligatoria, el adolescente descubre un mundo nuevo ahí afuera, nuevos referentes que vendrán a sustituir a los primeros y darán lugar a nuevas identificaciones. Otro lugar en el que mirarse al que admirar, abriendo espacio al deseo propio. Solo a costa de las renuncias se pueden establecer otras relaciones con nuevos objetos. Para poder así, construirse como un sujeto deseante.

Se pone en juego lo propio, lo parental y lo escolar en cuanto a que esto inscribe al individuo en la sociedad.

¡Los calendarios de admisión y las fechas de matriculación!

A la dificultad que implica tener que decidir, se suma lo apremiante de los calendarios de admisión y fechas de matriculación. En la primera quincena de junio tiene lugar el periodo de admisión para los estudios de ESO y Bachillerato, y finales de julio se da paso a la matriculación.

¡El orientador en la escuela!

Mientras tanto en el recinto escolar, el tiempo corre y las fechas se acercan ¿están preparados los adolescentes? Algunos sí y otros no, aparece aquí la necesidad de orientación. No menos importante en todo este proceso es la labor del orientador tanto en la escuela como en el instituto. Ésta será la figura de apoyo necesaria para el adolescente en el terreno escolar. Forma parte de la labor del centro y de sus profesionales el lograr detectar a través de los gabinetes de orientación cuando un adolescente se encuentra con dificultad en este punto. Pudiendo ayudar al adolescente a tomar contacto con las cosas que realmente le guste o con aquello que mejor desempeñe.

¿Cuándo acudir al psicólogo?

Algunos adolescentes de encuentran con la dificultad de poder elegir y en consecuencia también poder renunciar. Cuando existe una dificultad con todo lo que implica poder renunciar y con todo lo que implica entrar en conflicto con los padres. Se genera un conflicto interno, una lucha entre el deseo propio y el deseo de satisfacer el deseo paterno, que es diferente.

Ante esta rivalidad aparecen las dificultades de gestión emocional que tendrán la consecuente manifestación en el terreno académico; fracaso escolar, dificultades de concentración, de comprensión, bloqueos constantes. Lo emocional y lo cognitivo son diferentes tareas, pero necesitan la una de la otra para que se dé un adecuado funcionamiento.

La labor clínica del psicólogo en consulta será la de ayudar al adolescente a poder renunciar, cuando esto no puede transitarse sin el acompañamiento de un especialista. En situaciones de este tipo, puede ser conveniente tomar una cierta calma a la hora de cursar el ciclo correspondiente. Si no se completa en un año, se hará en dos.

¿Quién soy? ¿Y a quién me quiero parecer? ¿Porqué muchos pueden (aprobar, aprender, preferir) y yo no?

¡Lo complejo de la identidad!

El profesor Philippe Jeammet hace una agrupación de lo que considera los problemas agudos y complejos del adolescente, en ella incluye las dos siguientes. La primera es a grandes rasgos esa de la que venimos hablando; lo estipulado por la sociedad en la que vivimos marca un recorrido escolar que coloca al adolescente en una situación de urgencia de elección, en dónde el mal rendimiento académico supone una circunstancia de desventaja que puede marcar su futuro. La segunda habla de la búsqueda de la identidad, en dónde el adolescente en búsqueda de una representación de sí, es sensible a la imagen que le envían los otros. En este sentido, tanto adultos como profesionales deben ser especialmente cuidadosos con las etiquetas que dejan caer sobre los adolescentes, ya que podría favorecer que dicha etiqueta pase a ser un modelo de pertenencia e identidad.

¡La identidad!

Muchos son los autores que han teorizado sobre la identidad, uno de los primeros fue Erik Erikson. Este concepto define la propia existencia, la percepción propia de continuidad en el espacio y tiempo, y el reconocimiento de esa continuidad por los otros que nos rodean.

La identidad se forma a lo largo de toda la vida, pero existen dos momentos del ciclo vital en donde supone una crisis de especial importancia, en los primeros años de vida y en la etapa de la adolescencia.

Separarse para poder diferenciarse

El llamado proceso de separación-individuación, es un proceso que comienza en los primeros años de vida (de los 18 meses a los 3 años de vida según Margaret Mahler) y que se extiende a otras etapas del desarrollo, como ésta de la adolescencia. Esta etapa para Jeammet se describe como la segunda etapa en el proceso de individuación.

¡Todo empieza por poder decir “No”!

Ser diferente y poder diferenciarse empieza por poder decir “No”. Es en este punto en dónde la identidad está directamente relacionada con la capacidad de decir “No”, puesto que la negación permite una cierta independencia del individuo. Poder decir, “No” abre paso a la diferencia, a la elección de una cosa pudiendo renunciar a la otra. Es según Freud el origen del juicio intelectual, la acción intelectual que toma las decisiones.

Se obtiene entonces la madurez intelectual que va a permitir el acceso a lo académico que continúa tras la Enseñanza Secundaria Obligatoria; Bachillerato o Formación Profesional.

Volviendo al concepto de separación – individuación, poder decir “No” para un bebé significa decir, “esto no soy yo” entendiendo así, uno de los primeros puntos de partida de dicho momento evolutivo: yo soy una cosa distinta de esto otro. Es la afirmación de identidad.

También Spitz (1965) teorizó sobre el desarrollo del niño – bebé, cuando alcanza cierta madurez accede a la movilidad poniendo de este modo una cierta distancia de espacio entre él y la madre. Un espacio también necesario en la adolescencia.

¿Con la identidad se resuelve la adolescencia?

La identidad es una de las tantas tareas que componen el proceso adolescente. La adolescencia es una etapa de crecimiento que puede extenderse indefinidamente por tanto la importancia reside en lograr transitar las tareas esenciales del mejor modo posible.

*Escrito por: Rocío Mallo. Psicoterapeuta Equipo Clínico. Psicoafirma.

 

Bibliografía

Blos P. (2013). “La transición adolescente”. Amorrortu Editores.

Caellas, A.M., Kahane, S., Sánchez, I.(2010).“El quehacer con los padres. De la doble escucha a la construcción de enlaces”. HG Editores.

Freud, S. “Sobre la psicología colegial” T XIII. Obras completas. Amorrortu Editores.

Spitz, R. “El primer año de vida” (1965)

Transcripción de la ponencia presentada en el VIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (SEPYPNA) “La identidad y sus trastornos” Jammet. P,  (1994 Toledo)

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