La necesidad de relación, el grupo y la adolescencia.

El ser humano se caracteriza por su necesidad de relación. Llega al mundo siendo totalmente dependiente de otros. Su integridad física y psíquica está supeditada a la relación con sus semejantes. La adolescencia supone la primera salida al mundo, entendiendo éste como todo lo que no es el núcleo familiar. En la adolescencia surgen nuevas identificaciones, lealtades y relaciones íntimas que se descubren fuera del vínculo familiar. Lo social y la pertenencia al grupo cobra especial importancia.

 

¡La necesidad de relación!

El ser humano necesita de la relación con otros semejantes para su existencia. Somos seres relacionales por naturaleza. A lo largo de la vida permanecemos en constante interacción con quienes nos rodean construyendo vínculos que satisfacen nuestras necesidades y potencian nuestro desarrollo. Autores como Bowlby, 1986; Guntrip, 1971; Fairbairn, 1952 señalan esta necesidad de relación como una característica fundamental del ser humano.

Desde que un niño nace necesita de la seguridad y protección de otro semejante, alguien que pueda atender a su cuidado mientras éste no pueda desenvolverse por sí mismo. Precisamente la experiencia de vinculación con ese alguien que cuida y atiende  determinará su capacidad de permanecer como adulto autónomo en relación con otro. Winnicott, afirmaba cómo de importante y vital resulta para un ser humano el vínculo emocional con el cuidador. Las consecuencias psicológicas serían devastadoras puesto que sin el vínculo, el sentido del yo, el self, se ve dañado y se pierde la capacidad de relacionarse de una forma sana.

Lo fluctuante entre lo externo y lo interno

Tener contacto con otros, con el exterior provoca en el sujeto pensamientos, sensaciones, fantasías, deseos, sentimientos. La respuesta de la interacción con lo externo da lugar al espacio interno, se crea el mundo interno del sujeto y éste debe organizarse de forma que tenga sentido. La relación con los otros otorga significado a la experiencia interna y a su vez posibilita la identificación y satisfacción de las necesidades básicas humanas (Payás, 2010).

Las relaciones interpersonales ayudan al individuo a definir los límites de su identidad, quién es.

La necesidad de crear entornos sociales seguros forma parte de la actividad humana sana y normal. La fluctuación entre el contacto externo e interno permite a las personas maduras y adultas, hacer crecer el conocimiento sobre sí mismas y el mundo, abre paso al desarrollo de habilidades que facilitan la adaptación y el afrontamiento de acontecimientos difíciles.

Crecimiento postraumático

La historia de la humanidad brinda innumerables ejemplos que muestran la capacidad de adaptación y transformación del ser humano frente a acontecimientos traumáticos y dramáticos. Se observa como el sujeto logra sobrevivir y sobreponerse tras la experiencia del evento, pudiendo alcanzar un cambio positivo que lo coloca en una posición mejor respecto a la anterior.

Edith Eger, nació en Hungría, era una adolescente cuando, en 1944, padeció uno de los peores horrores de la historia de la humanidad. Sobrevivió a Auschwitz y huyó a Checoslovaquia para acabar finalmente en Estados Unidos. Allí se doctoró en Psicología y conoció a su mentor, Viktor Frankl, de quien aprendió sobre la necesidad de superar su trauma para alcanzar a felicidad.

Edith Eger, La bailarina de Auschwitz

Edith Eger narra, en su libro “En Auschwitz no había prozac”, algo de historia y experiencia personal en Auschwitz. Describe a lo largo de doce capítulos algunos de los sentimientos que experimentó en su paso por Auschwitz, contando cómo pudo atravesar el horror vivido. Finaliza su relato con una conclusión que titula “El regalo”.

Un fragmento de “El regalo”

“No podemos borrar el sufrimiento, no podemos cambiar lo que pasó, pero sí podemos elegir encontrar el regalo que entrañan nuestras vidas. Incluso podemos aprender a amar la herida.

Hay un dicho Húngaro que dice que la sombra esconde la luz más brillante. Mi noche más aterradora en Auschwitz, me enseñó una lección vital que mejorado y nutrido mi vida desde entonces. Las peores circunstancias me brindaron la oportunidad de descubrir los mecanismos internos para sobrevivir a cualquier cosa. (…)

(…) No puedo decir que todo suceda por un motivo, que la injusticia o el sufrimiento sirven para un propósito. Pero puedo decir que el dolor, la miseria y el sufrimiento son el regalo que nos ayuda a crecer, a aprender y a convertirnos en las personas que estamos destinadas a ser. (…)”

La historia de Edith, muestra un claro ejemplo de fluctuación entre el mundo externo e interno del individuo. Expresa en su relato, de qué manera puede dar sentido a su mundo interno y como lo sucedido en el mundo externo influye en el primero. El compás entre uno y otro forman el tándem perfecto para lograr sobrevivir e incluso reponerse al trauma tiempo después. Es muestra de que este trabajo no es sencillo ni está sujeto a una etapa concreta de la vida, sino que es precisamente a lo largo de la experiencia de la vida como se logra el crecimiento.

Algunas personas logran experimentar cambios positivos en su vida como resultado del afrontamiento de un acontecimiento traumático. Hay factores de la personalidad que pueden facilitar o obstaculizar este desarrollo o cambio positivo. A menudo se observan cambios en las relaciones interpersonales, cambios en la espiritualidad y en la filosofía de vida.

Se reelaboran las concepciones e ideas sobre las que se construye el mundo. La experiencia traumática hace tambalear cada una de estas concepciones provocando la consecuente reestructuración de la escala de valores previa. La experiencia de sufrimiento coexiste con la experiencia de crecimiento.

¡El origen simbiótico!

Para poder entender algo de lo que ocurre en la adolescencia es necesario tener claro el origen de la condición humana. Recordando que una de las características fundamentales del mismo es su necesidad de relación. El ser humano necesita de la relación otros para poder construir vínculos que propicien un desarrollo sano.

Margaret Mahler desarrolla toda su teoría basándose en la universalidad del origen simbiótico de la condición humana y en la concepción de un proceso de separación-individuación que comienza con el nacimiento y se extiende a las demás etapas del desarrollo.

El bebé nace en un estado indiferenciado, la tarea será la de poder diferenciarse de manera gradual para lograr adquirir su identidad personal. Para que se pueda dar esta diferenciación y la adquisición de una identidad propia, necesita de un cuidador principal, que produzca estímulos seguros y estables que logren contener y modelar los primitivos instintos del bebé. Éste aprenderá a enfrentarlos originando sentimientos de seguridad y confianza que darán lugar a la primera estructura psíquica.

¿Y si falla la individuación?

Cuando la individuación no se produce o se produce de forma patológica motivada por situaciones de separación traumática o de manifiestos déficits en la crianza, el resultado es el de un fracaso relativo en el desarrollo de las estructuras internas. Persisten entonces, las previas formas de vinculación simbiótica o se crean estructuras del tipo falso self de Winnicott.

Con la pubertad y la adolescencia…

Distintos autores se apoyan en el marco referencial de Mahler y consideran el proceso puberal como una nueva edición del proceso de individuación de la primera infancia. Se observa una vez más la importancia de la fluctuación entre lo interno y lo externo. Revisando a innumerables teóricos y expertos en la materia podemos comprobar cómo lo percibido del mundo exterior organiza y estructura el mundo interno y como dicha organización da forma al individuo, pudiendo ser único y particular pero perteneciendo a la sociedad que lo constituye.

El significado de la crisis adolescente

Para muchos autores la adolescencia supone una etapa de crisis, un momento de cambio que pone a prueba al adolescente y a sus padres. Es necesario tener muy en cuenta el peso de la realidad externa y la necesidad del adolescente de hacerse un hueco fuera del entorno familiar. Se trata del abrir paso a un mundo adulto, tomar camino hacia la sociedad global en último término.

En el adolescente se produce un desprendimiento de las figuras parentales infantiles lo cual abre camino a la exogamia. Se inician nuevas relaciones con otros semejantes. Éstas deben complementarse con un consiguiente rol social y un sentido de finalidad y adecuación. Asegurando un firme arraigo en la comunidad humana.

El paso de la infancia a la adolescencia, enfrenta a padres y adolescentes a distintas tareas de duelo. Tareas necesarias para poder dejar a tras una etapa infantil y poder dar paso a la etapa adolescente y posteriormente adulta. Estos duelos marcan una fase de crecimiento, y de la elaboración de los mismos dependerá el buen desarrollo de la siguiente etapa de la vida.

¡Poder crecer!

Retomando la definición de la adolescencia pensada como un momento de crisis volvemos a la idea de que son precisamente las crisis las que en ocasiones nos hacen crecer. Reeditan en el sujeto cada uno de los criterios que lo constituían.

Winnicott destacó en dos de sus trabajos dedicados a la adolescencia, la necesidad del adolescente de “sentirse real” y “evitar soluciones falsas” (1960). Recuerda que en la fantasía inconsciente el acto de crecer es agresivo.

En la tarea del adolescente está el poder encontrar nuevos modelos de identificación, diferentes a los anteriores. Poder revelarse para diferenciarse y poder soportar esta separación. Asumir la aceptación de los padres como extraños y diferentes a ellos, es también una tarea para los padres. El conjunto de todo esto abre paso a la estructuración del adolescente. Entendiendo de este modo que el impulso destructivo (deshacer y desprenderse de lo previo para poder construir lo nuevo) tiene efectos estructurantes, permite la discriminación y diferenciación.

El grupo dota de identidad al adolescente

¡Nuevas identificaciones y lealtades!

El transcurso gradual de la adolescencia está impregnado por el hallazgo de nuevas identificaciones, lealtades y relaciones íntimas que se descubren fuera del vínculo familiar. Esto cobra más importancia durante la última fase, donde termina consolidándose la personalidad.

Cobran por tanto, especial relevancia para el adolescente los grupos de los que quiere formar parte.

¡Grupos de pertenencia!

Un grupo de pertenencia es un grupo social del cual una persona forma parte. Se caracteriza por dotar de singularidad e identidad al individuo, respecto de quienes no pertenecen al grupo. Este tipo de grupos de pertenencia son especialmente significativos en la adolescencia, puesto que dotan de identidad al adolescente y ejerce una importante función en el desarrollo de la personalidad.

Todos los miembros de un mismo grupo de pertenencia, comparten un propósito el cual define sus valores morales y normas de relación, pero sus miembros no son iguales entre ellos.

¡Grupo de pertenecía vs grupo de referencia!

La diferencia entre un grupo de pertenencia y un grupo de referencia se encuentra en que de el primero se es parte del grupo y del segundo no. El sentido de pertenencia, es un fenómeno en el que han profundizado la psicología social y la sociología.  Cualquier individuo pertenece a la vez a diferentes grupos, la familia, la escuela, equipos deportivos, religión, etnia, nación, etc.

Un grupo es un importante agente de maduración y desarrollo. En la adolescencia, el grupo ejerce de enlace entre la infancia y la adultez, entre la identidad de la familia y la identidad propia. En el grupo encuentran semejantes con sus mismas dificultades dado el proceso que atraviesan.

Compañeros y amigos con los mismos miedos, las mismas sensaciones corporales, mismas emociones, cambios de humor, ansiedades. Encuentran en el grupo el alivio de compartir un mismo padecer. Se reconocen de un mismo modo, compartiendo una identidad que da cohesión al grupo.

Además, juntos se atreven a explorar el mundo: descubren el sexo, el tabaco, los tóxicos, las ideologías de distinta índole, el cine, la música, la moda. Pertenecer al grupo les permite experimentar y a la vez obtener su experiencia propia. Este grupo que un primer momento es homogéneo, toma rumbo a la construcción del propio criterio. Pudiendo confrontar la identidad compartida y permitiendo espacio para que se asiente la propia. Surge entonces la diferenciación.

¡El significado del grupo!

Para el adolescente la importancia del grupo radica en el interés por los pares y en la relación en sí misma. Éste será su nueva familia, el lugar donde suceden las cosas importantes y el vínculo del cual dependen.

No obstante, cada adolescente al igual que cualquier individuo, proviene de un núcleo familiar particular, un entorno social diferente, ambientes socioeconómicos, culturales e ideológicos que pueden ser diversos. De este modo pueden permanecer en esos primeros grupos de los que vienen, siguen formando parte del núcleo familiar pudiendo tener la certeza y la tranquilidad de que los padres siguen ahí.

Llegado este punto es importante que los padres del adolescente puedan lograr un equilibrio entre permanecer sin invadir o limitar. Permitiendo la elección libre del grupo o los grupos de los que quiere formar parte.

¡Ser parte de diferentes grupos!

Es habitual observar como un mismo adolescente forma parte y participa de distintos grupos de iguales, en cada uno de ellos encuentra algo que le interesa y lo podría definir. Representando distintas facetas de su personalidad. Esto viene a ser la representación de la dificultad propia del adolescente de integrar cada una de estas diferentes facetas en su mundo interno.

Los distintos grupos, en representación de las distintas facetas de la personalidad del adolescente, aportan un abanico de posibilidades que dotarán al futuro adulto de herramientas válidas para enfrentarse a la vida. Más tarde logran integrar lo que en este momento adolescente no era posible.

El proceso de indivduación.

Jeammet también describe la adolescencia como un segundo momento en el proceso de individuación, como un período crucial en el proceso de interiorización de vínculos con los padres y de la organización del espacio psíquico interno.

Este autor plantea la dificultad de los agudos y complejos problemas de la adolescencia, poniendo de relieve lo frágil del destino de la identidad en este momento. El adolescente en busca de su identidad y de una representación de sí, es sensible a la imagen que le devuelven los otros.

¡El peligro de lo categórico!

Un efecto espejo que entraña un cierto peligro teniendo en cuenta las categorías en las que su comportamiento puede encerrarle. Puesto que dicha categorización por parte del adulto, el profesional o el entorno favorece la formación de determinadas identidades o guetos, que proporcionarán al adolescente un modelo de pertenencia e identidad (el delincuente, el depresivo, el drogadicto, el hiperactivo).

¡Un medio de expresión adolescente!

El mismo Jeammet también señala que el adolescente tiende a expresar sus conflictos y sufrimiento a través de manifestaciones comportamentales; tentativas de suicidio, fugas, actos delictivos, consumo de tóxicos, trastornos alimentarios, etc. Y además utiliza su cuerpo como medio de expresión y comunicación con el otro.

Cada fase adolescente hace su singular aporte al desarrollo de la personalidad, con el riesgo de que el proceso en sí descarríe.

Es importante recordar que la adolescencia es un período de la vida que no se rige única y exclusivamente por una tarea comandante de las restantes, si no que se trata de un conjunto de tareas integrantes de un proceso total., las cuales cursan actuando sinérgicamente.

Escrito por: Rocío Mallo. Psicoterapeuta Equipo Clínico. Psicoafirma.

Bibliografía

Eger, E. (2020) “En Auschwitz no había prozac”

Mahler, M. (1974) “El nacimiento psicológico del niño”

Payás, A. (2010) “Las tareas del duelo”

 

 

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