¡Mi hijo es un adolescente!

Todos en algún momento de la vida nos hemos encontrado con la adolescencia, al menos con la propia, y siempre surgen las mismas cuestiones; incertidumbre, miedo, extrañeza, ilusión, ambivalencia, oportunidad, riesgo, etc. ¡Está insoportable! ¿Y ahora qué debo hacer? ¿Por qué me siento así? ¿Quién soy? ¡No me mires!

Como padre, uno puede preguntarse ¿Qué le pasa? ¡Cómo ha cambiado! La respuesta es pubertad y adolescencia.

  • Adolescencia procede de la palabra latina “adolecere” del verbo adolecer; tiene dos significados, puede hacer referencia al hecho de tener un defecto o imperfección (y por tanto adolecer de ello) y también a crecer y madurar. Es un momento evolutivo que se sitúa entre la infancia y la juventud, se da inmediatamente después de la latencia y es un periodo de preparación para la edad adulta. Este periodo de crecimiento y desarrollo humano es una de las etapas de transición más importantes de la vida, es un agente organizador del funcionamiento mental. Se caracterizada por tener un ritmo de crecimiento muy acelerado, repleto de cambios físicos y psíquicos.
  • Durante la adolescencia tiene lugar la pubertad. El término pubertad proviene del Latín “pubere” que significa pubis con vello. Es un proceso biológico, es la etapa del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y en la que se alcanza la madurez sexual. Precisamente una serie de cambios hormonales, que dotan al individuo de la capacidad reproductiva, son los que dan paso al inicio de esta pubertad y con ella también a la adolescencia. La madurez sexual física es el suceso que va a alterar el curso del desarrollo psíquico y va a dar un significado a la psicopatología de este período de la vida.

Pubertad y adolescencia, suponen la transición hacia la independencia social y económica, el desarrollo de la identidad, la oportunidad de adquirir la capacidad de razonamiento abstracto. Suponen en último término la tarea de alcanzar las aptitudes y funciones de adulto.

¿Quién es este y dónde está mi niño?

¿No reconoces a tu hijo? ¿Por qué se comporta así? ¡Siempre había sido obediente, tranquilo! “Su comportamiento no es propio de él”

No podemos olvidar, que también es una etapa de crecimiento en la que se asumen muchos riesgos y en donde el contexto social adquiere un valor determinante. Lo paradójico de esta etapa de crecimiento evolutivo es que mientras esto está en proceso, el adolescente no es capaz de comprender conceptos complejos, ni es capaz de asimilar la relación entre una conducta y sus consecuencias. Siendo esto algo que los hace particularmente vulnerables. Adquiere entonces un valor de especial importancia el sostén de la familia y la comunidad (escuela, servicios de salud, instituciones sociales…), estos son algunos de los referentes de apoyo con los que necesita encontrarse un individuo en este momento vital.

¿Tiene mi hijo un problema grave?

La adolescencia es el momento durante el cual se va a establecer la imagen mental de uno mismo con una identidad sexual específica y fijada. Para muchos adolescentes, esta etapa se convierte en un verdadero tormento. Emerge en ellos un estado mental que no pueden manejar ni soportar. Los sentimientos que provienen de su propio cuerpo toman un sentido atemorizante y peligroso (odio hacia sí mismo, sentimiento de soledad, autorreproches).

Es habitual encontrar en adolescentes síntomas que de ser observados en adultos se evaluarían como psicóticos, no obstante en el adolescente se trata de una ruptura temporal con la realidad, aunque severa, pero no de una enfermedad psicótica irreversible.

Atravesar la adolescencia supone experimentar cambios. 

¡Todo son cambios!

La incontable suma de cambios a los que se expone el sujeto en su período adolescente, lo hace atravesar un duelo tras otro. Con todos estos cambios surgen miedos, rabia, dolor, etc. y el adolescente se rebela, se rebela contra todo eso que le llega y se rebela contra el mundo, se rebela en un intento de frenar y contener el tsunami de sensaciones y pensamientos que lo invaden.

En esta etapa de la vida se pierde el cuerpo infantil y se adquiere un cuerpo sexuado, se pierde a los padres referentes y omnipotentes de la infancia y se adquieren nuevos referentes fuera del entorno familiar, se pierde ese estatus de “niño maravilloso” que el niño tenía de cara a sus padres y se convierte en otro diferenciado, se pierde el ideal de perfección física que la realidad contraria y que nunca se va a alcanzar. Es precisamente la necesidad de poder manejar cada uno de estos duelos, lo que lleva al adolescente a recurrir a manejos psicopáticos de actuación.

Los duelos de la adolescencia

Arminda Aberastury, pionera del psicoanálisis de niños y adolescentes señala que en la adolescencia se elaboran principalmente tres duelos.

  • En primer lugar, el duelo por el cuerpo infantil perdido: supone asumir todo aquello que implica cada una de las transformaciones a las que se ve sometido el cuerpo debido al cambio biológico propio del momento evolutivo. Esto provoca un sentimiento de impotencia frente a la realidad imposible de soslayar, pero que sin embargo se desplaza a la esfera del pensamiento. Aparece en el adolescente un manejo omnipotente de las ideas.
  • En segundo lugar, duelo por la identidad y rol infantil. A lo largo de la infancia el niño se encuentra en una relación de dependencia lógica y natural, en dónde un adulto decide por él la responsabilidad que todavía no le corresponde. Al llegar a la adolescencia se da una cierta confusión de roles, puesto que el adolecente ya no puede mantener esa posición de dependencia infantil ni tampoco puede asumir la envergadura de una identidad adulta.
  • Y por último y en tercer lugar Aberastury nos habla del duelo por los padres de la infancia: éstos son los padres del refugio y la protección, padres que también han de asumir la consecuente etapa de la vida y el hecho de que sus hijos ya no son niños si no que son adultos.

Pubertad y adolescencia son etapas de confrontaciones y reajustes tanto para los padres como para los hijos. “Era tan buena de pequeña” ¡Antes era muy cariñosa! “Se nos escapa, se hace mayor” Supone perder al hijo de la infancia y lograr la tarea de dar la bienvenida a al nuevo adolescente “no lo reconozco”.

“No puedo dormir si sé que aún esta despierta” Poder dormir, significa asumir que “la niña” ya no es tan niña, que ha crecido y puede tener un horario diferente al de un padre y lo más importante que escapa a su control.

Para poder atravesar estos procesos de duelo, el adolescente necesita que sus referentes de apoyo sean figuras que marquen límites. Necesita una guía que estructure en la medida de lo posible este recorrido tortuoso,  agitado por cada cambio que se impone. Alguien que pueda enfrentarse a la rebeldía del adolescente, contener los distintos estados emocionales y permanecer con la distancia justa y necesaria que permita la separación e individuación del sujeto. Esta tarea que recae principalmente sobre quienes cumplen la función de padres, no es tarea fácil, puesto que enfrenta a éstos con su ya pasada adolescencia, reeditando todo experimentado en la propia. Pueden aparecer pensamientos como: “No quiero que cometa los mismos errores que yo cometí” “Es mi obligación como madre protegerlo”

“No puedo dominarlo” “Lo único que quiero es que tenga todo lo que yo no tuve” Es fácil sentirse identificado con declaraciones de este tipo, cuando uno es padre. Lo que no resulta tan fácil es el hecho de poder percibir que hay detrás de esta pelea constante con un hijo, en especial con el hijo adolescente. La cuestión trata de poder diferenciar que proyectos y expectativas son de uno (padre) y cuales pertenecen realmente al hijo adolescente.

Cansancio y desesperación, ¡Que haga lo que quiera, no me voy a pelear más! ¡Se lo he repetido mil veces! Poder poner límites y marcar normas es ofrecer certeza de elección a quienes como adolescentes se sienten solos y perdidos. No obstante sabemos que esta tarea se añade a las ya incontables tareas de quienes acompañan al adolescente.

¡Lo paradójico! El adolescente es un ser aislado, sin embargo es habitual observar a grupos de jóvenes adolescentes que adoptan colectivamente ideas, ideales, modos de vestir y estilo de vida comunes.

 “Mi hijo no habla, se encierra en su habitación” A menudo, nos encontramos con padres que denuncian lo poco disponibles y comunicativos que están sus hijos adolescentes. La sobrecarga laboral no deja espacio para que se pueda producir un intercambio de interés mutuo ¿Y usted ha preguntado de que trata ese juego en el que invierte tanto tiempo? ¿Tiene idea de cómo funciona esa red social que utiliza? ¿Quién es su personaje favorito o cuantos putos ha conseguido? Percatarse de esto, puede marcar el comienzo de un acercamiento entre padres e hijos.

Un extraño frente a incontables cambios.

¡Se dan pérdidas, pero también nuevos encuentros!

Si nos detenemos a pensar en el significado de la palabra “crecer” nos encontramos con una serie de significados que señalan un cambio; “Dicho de un ser orgánico: ir en aumento”, “Dicho de una cosa: recibir aumento por añadírsele materia”, “Adquirir aumento”, “Dicho de una persona: tomar mayor autoridad, importancia o atrevimiento”. El cambio que supone crecer, es un cambio al que no sólo los niños y adolescentes están expuestos, también los padres.

La vida es todo un proceso evolutivo que nos enfrenta a continuos cambios. ¿Qué pierde un niño cuando deja de ser niño? ¿Qué pierde un padre cuando su niño pasa a ser un adolescente? ¿Con qué se encuentran?

El hecho de que un niño crezca implica que poco a poco se hace más independiente. El bebé pasa de ser totalmente dependiente a convertirse en un pequeño investigador, alguien que descubre el mundo en el que vive y a quienes viven en el. Deja de necesitar ayuda para comer, moverse… y comienza a tomar cierta iniciativa en sus movimientos.  El bebé, deja de ser bebé, pasa a ser un niño y de pronto este niño ya es un adolescente. Ya no quiere ir de la mano de mamá o de papá, ya no quiere vestir como a mamá o a papá les gusta, y ahora surge la gran pregunta ¿Qué quiero yo?

La adolescencia supone un punto de inflexión, un momento en el que uno se construye o mejor dicho se reconstruye. Todo se reedita, se pone patas arriba para volver luego a su lugar. Todo es nuevo, el cuerpo en constante cambio, la dinámica del cole pasa a ser la dinámica del instituto, aparecen nuevos intereses, nuevos referentes en un afuera al que es necesario poder llegar entero y seguro.

Mientras todo esto sucede, cada padre y cada hijo se enfrenta a la tarea de asumir un nuevo papel en su función, pudiendo dejar a tras el anterior. Otra ardua tarea que resolver. ¿Y ahora qué? ¡Siempre le había gustado venir conmigo a…! ¡Antes veíamos juntos los partidos de futbol! ¡Íbamos a pescar! Muchos padres llegan a consulta atravesados por el deseo de que se les restituya el hijo que se ha alejado de sus expectativas y dominio narcisista. Estando aquí presente el poder y el ámbito de la propiedad. Aparecen entonces los sentimientos de culpa propios de la omnipotencia que resulta de la posesión y el control ¡No se qué he hecho mal!

Surge la frustración por haber perdido al hijo que se plegaba ante el deseo de los padres. “Narciso no cesa. A lo largo de la vida sigue revalidando su imagen. Hay una mutua disposición entre padres e hijos a buscarse en el otro. Y ésta es una disposición primordial para el desarrollo y estructuración psíquica del futuro sujeto”.

Poder desprenderse de los padres es crucial para la construcción del psiquismo de un niño. Cuando un bebé nace automáticamente aparece un cuidador principal, habitualmente éste es la madre que previamente ha gestado al niño. Será esta madre quien ejerza la función nutricia y protectora siendo empática con las necesidades de su bebé. La madre o cuidador principal, en su defecto, pasa a ser quien otorga existencia a este bebe y este bebé quien se la otorga a su madre. Así lo defendía D. W. Winnicott en sus conceptos de bebé y  de madre. Este pediatra y psicoanalista inglés afirmaba que un bebe no existe, no tiene sentido si no es en la relación con su madre.

Un bebé no puede existir sin alguien que se haga cargo de sus necesidades y deseos. Una madre con total disposición para su bebe necesita de un otro que se encargue de sostener todo cuanto esa madre ha tenido que dejar a un lado mientras su bebé requiera de toda su disposición. Pronto cobrará fuerza el papel de este otro (tercero). Un tercero que debe marcar un corte entre el bebé y la madre. Se necesita al tercero para poder encontrar el mundo externo, se necesita al padre para facilitar el pasaje del principio del placer al principio de realidad. Es crucial la función de un tercero (sin importar su sexo) que limite la omnipotencia de la madre y del hijo.

Dos cosas son necesarias para la estructuración del psiquismo del niño:

  • Es necesario que el niño de cuenta de que su mamá, esa para quien durante un tiempo él, lo era todo, también tiene otros intereses.
  • Debe darse la aparición de ese tercero, un tercero que también cuenta.

A menudo escuchamos en consulta frases como “Es a ella a quien le cuenta todo” “es ella quien sabe…” Se debe tener presente que el paso previo para la individuación es la indiferenciación.

Este concepto de tercero, un tanto teórico, hace referencia a aquello necesario que separa al hijo de la madre interdicta. Una madre dedicada y entregada, que debe y tiene el derecho de poder mirar a otro. Poder recuperarse como alguien diferente con otros interesas además del propio por su hijo. Este tercero del que hablamos, podría ser el padre (la otra figura paterna), una afición, un puesto de trabajo, ocio, amistades, etc. Supone aquello que deja claro al bebé que mamá también tiene otros intereses. Siendo el tercero quién evita que el niño se quede atrapado en la célula narcisista. Es el tercero quien reordena los lugares produciendo la separación, la salida del idilio narcisista entre madre y bebé; del yo ideal al idea al del yo.

Ser padre implica un profundo compromiso afectivo con quien es hijo y compromete las historias y los psiquismos de cada uno de los padres o cuidadores en cuestión.

¿Te sientes identificado con alguno de estos momentos? ¿Encuentras difícil el proceso de tu hijo adolescente? Consúltanos y te ayudaremos a desentrañar las dificultades de todo este proceso.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) advierte del hecho de que un desarrollo sano durante la infancia y la adolescencia contribuye a una buena salud mental.

Escrito por: Rocío Mallo. Psicoterapeuta.Equipo Clínico. Psicoafirma

 

Bibliografía

Blos P. (2013). “La transición adolescente”. Amorrortu Editores.

Caellas, A.M., Kahane, S., Sánchez, I.(2010).“El quehacer con los padres. De la doble escucha a la construcción de enlaces”. HG Editores.

Freud S.Obras completas. “Tres ensayos de teoría sexual”. Tomo VII. Amorrortu Editores.

Leclaire S.(2009).“Matan a un niño”. Amorrortu Editores.

Laufer M.(2013).“El adolescente suicida”. Biblioteca nueva.

Michelena M.(2017).“Un año para toda la vida. El secreto mundo emocional de la madre y su bebé”. Editorial, Planeta.

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