¿Vas a tener un bebé?

Lograr entender que supone ser padre, ser madre y ser o tener un bebé, no es tarea fácil. Menos fácil aún lo es encontrarse en alguno de esos lugares. Fantasías, deseos, elecciones, renuncias, triunfos, fracasos, alegrías, penas…

Tanto ser, como tener un bebé, supone grandes cambios mes a mes. Ese bebé será el esqueleto sobre el que cogerán forma, cuerpo y mente. Un tiempo en el que a pasos agigantados, se suceden cambios y se aprenden cosas. Hitos que señalarán gran parte de la vida adulta de ese bebé.

La tarea de ser padres

¿Qué significa ser un bebé? ¿Cuándo deja uno de ser bebé?

Cuando hablamos de un bebé, percibimos automáticamente la imagen de un niño que todavía es dependiente en prácticamente todo. Un niño que todavía no ha nacido, un recién nacido, un niño de cuatro meses, ocho…

Teniendo en cuenta esta forma de entender el concepto bebé, se asume que pasado el primer o los primeros años de vida, el individuo deja de ser un bebé. No obstante algunos autores señalan como realmente todos llevamos un bebé dentro.

  1. W. Winnicott, pediatra y psicoanalista Inglés, hablaba de que un bebé no es bebé sin su madre y una madre no es madre sin su bebé. Ambos necesitan del otro para existir, necesitan ser parte de esa relación que se da con el otro. Uno da la vida al otro, éste pasa a ser una prolongación de la madre, quién da la vida. Y ambos tienen entre sus tareas la de lograr separarse.

¿Si eres madre puedes equivocarte? ¿Puedes estar cansada y aburrida de tu bebé? ¿Puedes enfadarte y odiarlo? ¿Será una madre responsable de los futuros problemas de su hijo? ¿Cómo lo hacen las madres perfectas? ¿Existen las madres perfectas?

Todas éstas y muchas otras cuestiones son las que surgen de la mano de la maternidad. La realidad de todo esto es que no hay una madre buena y una mala madre. No existen las madres perfectas ni las madres terribles. Ni tampoco existen las madres de hierro, madres incansables e incondicionales al cien por cien.

La realidad es que existen tantos tipos de madres como nacimientos se dan en el día a día. Ni perfectas ni malvadas, sino particulares y únicas.

¿Cuándo existe un bebé?

Un bebé existe desde el momento en que alguien fantasea con esa misma idea, la idea de tener un bebé. Mujeres y hombres solteros, parejas de novios, de casados, e incluso cualquier niño que represente la escena a través del juego.

¡Las fantasías!

Son esas pequeñas historias que uno se cuenta con la imaginación; para entender aquello que sucedió, eso que está sucediendo o eso otro que quisiera que sucediese. Es decir, cuando el bebé de carne y hueso no existe, uno fantasea con lo deseado o anhelado pero cuando éste existe uno fantasea buscando explicaciones a lo que acontece. Como por ejemplo los síntomas del embarazo y las reacciones del bebé que ya ha nacido.

Estas reacciones y síntomas ¿Son siempre iguales? ¿Se dan en los mismos momentos? ¿Suceden del mismo modo? Lo cierto es que ¡No! pero sí existe un descripción aproximada sobre cómo se da y que genera un embarazo.

Primer trimestre

Una de las primeras señales que indican que una mujer está embarazada, son los desmayos. Los primeros momentos del embarazo son los más delicados. El organismo se pone en marcha para una nueva tarea, da la voz de alarma, todo debe ponerse a punto. El desmayo advierte de la fragilidad en la que se encuentra esa mujer, algo pasa y habrá que averiguar el qué para luego estar a la altura de las circunstancias.

Las náuseas constantes, el sueño exagerado, la alimentación y todo lo que tiene que ver con comer a lo largo del embarazo, los antojos, las hormonas, preparan el cuerpo y la psique de esa mamá que intenta asimilar lo que ya está sucediendo.

Segundo trimestre

Para esta época, los síntomas desagradables del primer trimestre ya han desaparecido. La mujer embarazada vuelve a ser casi la que era, mucho mejor anímicamente y más activa. El bebé comienza a moverse y la mamá a percibirlo. ¡Aquí está! ¡Algo se mueve! Todo el mundo quiere presenciarlo, es ese momento en el que la tripa embazada cobra todo el protagonismo.

Es justo al compás de este acontecimiento, cuando se le empieza a atribuir personalidad al bebé. Ya no sólo se fantasea o se le atribuyen cualidades físicas, “Tendrá los ojos de su abuela”. Ahora también se le atribuyen cualidades psíquicas, “A esta hora le gusta dormir…” “Es muy inquieto, no para de moverse siempre que…”

Tercer trimestre

Significa la recta final, en cualquier momento el bebé puede nacer. Emergen para entonces una cantidad inmensa de fantasías. ¿Será demasiado doloroso? ¿Saldrá todo bien? ¿Será normal…? ¿Y si viene enfermo? ¿Lograré mantener la calma? ¿Seré capaz de cuidarlo? ¿Podré hacerlo bien, nunca lo he hecho? ¿Y si no lo quiero? Miedos ante la muerte, la salud, lo afectivo, la responsabilidad como madre, etc.

El parto

Esa gran escena de sensaciones, sentimientos y emociones encontradas. Violento, salvaje, doloroso, desgarrador, delicado, inquietante y a la vez lleno de amor y felicidad. Un parto no se olvida jamás, o al menos una parte de él. Perdura en el recuerdo la emoción, todas y cada una de las emociones experimentadas al ver y sostener en sus brazos a ese bebé que tan bien conocen.

Es paradójico, conocen a la perfección a ese bebé, pues ha sido parte de ella durante nueve meses pero a la vez cada mamá se fascina descubriendo a su bebé. Un bebé de verdad, de carne y hueso, que demanda, que necesita pero que no manifiesta expresamente el qué.

Recién nacido

Lo mira, lo acaricia, lo huele, lo mece… Se asegura de que esté sano. Comprueba a ver, que parte de lo fantaseado es como esperaba, como imaginaba. Se destierran los grandes temores.  Y aún así no deja de ser habitual el sentir a ese bebé como ajeno, al fin y al cabo es un desconocido. Poco a poco, lo sentirán como propio.

Madre e hijo se reordenan, tratan de comprender que ocurre para averiguar qué hacer, cómo lograr de nuevo algo de la paz de paz de antes. El bebé, siente hambre, frío, sueño, calor. Su madre está agotada y desbordada, pero inevitablemente alerta. En constante alerta pendiente de cada gesto y necesidad de su bebé. Necesita de apoyo, de alguien que sostenga la vida mientras ella sostiene a ese bebé que tanto la necesita.

Mariela Michelena, psicoanalista nacida en Caracas, ha estudiado y escrito acerca de lo significativo de este primer año de vida del bebé. Durante un tiempo llevó a cabo una serie de observaciones de bebés con sus respectivas mamás. Estas observaciones fueron parte de su formación y más tarde plasmó algunos fragmentos de éstas en un libro con la intención de poder transmitir la vital importancia del primer año de vida y algunas de las diferencias y peculiaridades de cada una de esas madres y de sus bebés.

En uno de sus fragmentos relata un episodio de una mamá que tras dar a luz debía incorporarse rápidamente al trabajo.

  • La mamá de Miguel:

“Miguel, por ejemplo, duerme todo el día. Se despierta, come y duerme todo el día. No hay niño. Durante el día parece que no hay niño. En cambio, por la noche, cuando yo llego, ya no quiere dormir. Claro si ha dormido todo el día, por la noche se desvela y ya no quiere dormir. Quiere fiesta.”

Esta viñeta, nos hace pensar en aquello de lo que Winnicott hablaba; no existe bebé sin una madre, ni madre sin un bebé. “¿Para que va a estar despierto ese bebé? Para él no tiene gracia estar despierto sin su madre, de manera que durante el día no hay niño” (Michelena, 2002).

Me gustaría dejar claro que éste que aquí reflejo, es solo un fragmento de una historia y una observación que incluyen muchos otros datos relevantes, pero que precisamente vienen a señalar lo dicho.

¡Post-parto!

El vínculo más estrecho que un ser humano puede tener no es otro que el de una embarazada y su niño. Es una realidad concreta en la que uno forma parte del otro literalmente. No obstante este hecho encuentra su final con el parto. Es fácil reconocer la plenitud con la que se observa a una embarazada, plenitud de la que se ve despojada tras el parto. Esa mamá deja de estar físicamente conectada con su bebé y viceversa.

Ambos han perdido algo y tienen por tanto motivos suficientes como para estar tristes. No obstante, la tarea no ha hecho más que comenzar, un bebé necesita de toda la atención de su madre. Se pone en marcha la díada madre-bebé, una pareja idílica que a poco más podrá atender.

¡El padre!

El gran olvidado, hasta entonces todas las miradas apuntaban a la embarazada, al bebé en camino y todo cuanto les acontecía a ambos. Al igual que a la madre, al padre le surgen fantasías en relación al embarazo, al parto, a su hijo, a su función como padre.

Incluso madre e hijo, están entregados el uno al otro y por tanto no le queda más que hacerse un sitio en el nuevo escenario. Despide su sencillo papel de marido para asumir también el de padre. Un padre que no solo debe atender a su hijo, quién lo hace padre. Si no que más bien, al menos por el omento, debe atender a la madre (encarga del hijo) y a todas las tareas de vida cotidiana que antes compartía la pareja.

¡La familia!

La pareja de padres junto con su retoño, da paso a una nueva generación y convierten en historia a la anterior. Podría entenderse a este núcleo familiar, como algo cohesionado, pero no debemos perder de vista que, al igual que durante el embarazo y el nacimiento del niño cada miembro de la pareja, desempeña su papel o mejor dicho vive su propia historia. Cada quién desde su posición, es testigo de su propia historia.

¿Cómo llegó este hijo, fue fruto de una decisión? ¿Qué tipo de decisión? ¿Decisión de quién, de uno de ambos? ¿Había deseo de ser madre, deseo de ser padre? ¿Tener un hijo para qué, para quién? 

Tener un hijo supone un fuerte impacto emocional para ambos miembros de una pareja. Como toda adaptación, será necesario de un tiempo para poder reorganizar lugares. El lugar de padre, de madre y de hijo. Se ponen en marcha fantasías como las antes mencionadas, llenas de temores, incertidumbre, esperanzas. Se darán alegrías, penas, cambios físicos, psíquicos, sociales, familiares.

Ya no son dos, ahora son tres. La pareja se encuentra con algo de su intimidad “invadido” por un tercero que llega para quedarse. Las fantasías en relación a los nuevos lugares que cada miembro ocupa se inician incluso antes del parto, desde la noticia del embarazo.

¡La construcción del psiquismo!

El psiquismo del niño dependerá del nivel de salud o fragilidad del de sus padres, de las historias personales de cada padre y de la experiencia como pareja y de lo actual del momento que viven.

El núcleo familiar es el lugar en dónde un sujeto crece y en dónde las personas aprenden a confiar, a nutrir y a cuidar al tiempo que reciben esos mismos cuidados. Podría decirse que la estructuración del psiquismo del niño no sólo depende de la estructura psíquica de los padres, sino también de la estructura familiar. La familia transmite modos de hacer y de ser de forma inconsciente. Coge forma una continuidad psíquica que construye la historia familiar.

Es importante poder destacar en este punto, que la familia puede tomar formas diversas: pareja de padres heterosexuales, homosexuales, familia monoparental, hijos biológicos o adaptivos. De una forma u otra la familia sigue siendo la misma institución, pudiendo ofrecer una estructuración sana en todas y cada una de sus modalidades.

“La antropóloga Françoise Héritier-Auge afirmaba que la filiación, más que biológica, es social en tanto ninguna sociedad en el mundo está fundada biológicamente” (Caellas, A. Kahane, S. Sánchez, I. 2010).

La identidad de los padres, será la que dará paso a la identidad del hijo, haciéndolo inevitablemente parte de la estirpe.

¡Una madre o un cuidador principal!

El bebé descubre el mundo de la mano de su madre o de un cuidador principal. Es importante que esta figura sea habitualmente la misma, de forma que siempre haya elementos comunes que den cohesión al día a día del bebé en el mundo. Una misma voz, mismo olor, mismo sabor de la leche, mismo pezón o tetina, la misma forma particular de tomar al bebé en brazos, misma forma de acariciar. Todas y cada una de estas características dotarán al bebé de la cohesión necesaria para entender y poder permanecer en el mundo en el que vivimos.

Poder desarrollar un vínculo con un cuidador principal favorecerá el poder vincularse con quienes la rodeen, sin experimentar dificultades emocionales a la hora de relacionarse.

¡Entender cuánto completa un hijo a un padre!

Uno puede entender lo que es ser padre y todo cuanto se pone en juego cuando realmente es padre. Sin embargo si no se es padre, quizás uno pueda acercarse a entender que significa cuando tiene entre sus manos relatos como el del periodista Sergio del Molino.

Sergio es un padre que perdió a su hijo Pablo. Quién con tan solo diez meses fue devorado por la leucemia. Este padre pudo plasmar en su libro “La hora violeta” el dolor por la pérdida de su hijo y el amor que sintió por haber sido padre de ese hijo.

Un relato conmovedor, manifiesto de aquello que nos hace genuinamente humanos. Es una muestra de cómo de desgarradores pueden ser los sentimientos y emociones que se crean con un vínculo filial. Es el relato de aquello a lo que nos enfrenta el duelo.

Un fragmento de “La hora violeta”

“De madrugada, sin, que su madre lo supiera, me inclinaba sobre la cuna del Pablo recién nacido. Fingiendo acariciarle, colocaba mi dedo índice sobre las aletas de su nariz y no lo retiraba hasta que notaba su aliento en él. En la penumbra, aprendía a distinguir los movimientos respiratorios de su brevísimo pecho bajo las mantas, un oscilar inapreciable para cualquier otra mirada que no fuera la mía. Miopes y vagos para todo lo cotidiano, mis ojos se volvían rapaces para detectar signos de vida en mi diminuta y frágil criatura. Muertes súbitas, vómitos que asfixian, mantas que ahogan. Todos los objetos eran peligrosos. El excesivo frío y el excesivo calor, la excesiva suciedad o la excesiva limpieza. El mundo entero asediaba a mi hijo y yo tenía que fingir que no me importaba”

Miedos, dudas, amor, dolor… un padre puede sentir que lo inundan y superan infinidad de emociones, sin necesidad de sufrir la pérdida de un hijo. Incluso la misma llegada al mundo puede sumergir a un padre en el más terrible de los infiernos emocionales.

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Sientes que algo no va bien? ¿Necesitas ayuda, consejo o apoyo en tu tarea como padre? ¿Crees que es tu hijo quien necesita esa ayuda?

En Psicoafirma disponemos de un equipo clínico cualificado dispuesto a ayudarte.

Escrito por: Rocío Mallo. Psicoterapeuta Equipo Clínico. Psicoafirma.

Bibliografía

Caellas, A.M., Kahane, S., Sánchez, I.(2010).“El quehacer con los padres. De la doble escucha a la construcción de enlaces”. HG Editores.

Michelena M.(2017).“Un año para toda la vida. El secreto mundo emocional de la madre y su bebé”. Editorial, Planeta.

Molino, S.  (2013). “La hora violeta”. Editorial. Literatura Random House.

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